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LA IDENTIDAD LÉSBICA EN LA ANTIGÜEDAD

GRECIA Y ROMA

Hay una historia lesbiana que nunca se nos cuenta, hay que rescatarla y hay que leerla, así que en esta entrega las invito a comenzar en este camino transitado por las mujeres que amaron a otras mujeres en la historia. Hoy seguimos con la antigüedad clásica. Sí, esa donde nació la “democracia”, el erotismo y casi todo lo que hoy conocemos con su toque romántico, mitológico y mágico…

La historia lesbiana no corre paralela a la historia de la homosexualidad masculina, tiene su propio proceso y su propia personalidad y es importante rescatarla puesto que los historiadores gays o de la sexualidad acostumbran concluir que las lesbianas somos sólo la contraparte del homosexual masculino o bien, nos dicen que no hablar de las lesbianas se debe a que nuestros documentos y testimonios del pasado son nulos dejándonos ideas falsas de que, uno: somos pocas en comparación con los hombres homosexuales y dos: que hemos vivido las mismas condiciones que ellos. Por eso, el objetivo de estos breves textos que estaré aportando a la página de Lesplanet es darnos una idea de cuál ha sido la forma de vida particular de nuestras antepasadas lesbianas. Una visión general ya que la historia lesbiana apenas se está escribiendo.

En la anterior entrega hablé de Safo y Lesbos de Grecia como los símbolos que dieron identidad a las lesbianas en adelante, sin embargo, no había una situación generalizada benigna para las que amaban a otras mujeres en toda Grecia. Si somos estrictas, no podemos hablar siquiera, de que existiera una concepción de homosexualidad como una identidad o una forma de vida particular. Durante toda la etapa de la Grecia Clásica y gran parte de la de Roma Clásica no había un concepción de homosexualidad, ni lesbianismo, habían prácticas sexuales en las que por posiciones de poder se definía pasividad/actividad, impúdico/puro, etc.

Un ciudadano libre podía usar de un esclavo, pero no de otro ciudadano libre, de un jovencito, pero no de un ciudadano en la misma posición social y edad. Aún así, si alguna vez se faltaba a estos cánones, tampoco es que existiera, para los homosexuales masculinos, castigos severos y nunca se señalaba como una falta moral a la relación erótica o emocional homosexual, no era ésta, ilegal, impura o perversa en sí. Los griegos veneraban y poetizaban el amor entre hombres, aunque no el de entre mujeres. Los romanos daban el mismo trato benigno a los vínculos entre hombres, en las dos sociedades tenían cierta certidumbre legal las relaciones entre hombres, siempre y cuando no alterara las relaciones de poder y de voluntad, por lo menos hasta antes de que el cristianismo se instalara como religión de estado (313 d.n.e.).

Debemos tener en cuenta siempre que mientras más patriarcal una sociedad, más castigadas y vigiladas serán las relaciones entre mujeres. Y Grecia y Roma fueron las que afianzaron las instituciones patriarcales. En Grecia había ciertos espacios para las relaciones entre mujeres; el amor fomentado y alabado por Safo, con sus discípulas formaban un imaginario donde las relaciones entre mujeres, aunque aportaran un espacio de placer, puramente femenino, no existen como entidad propia, sino como paso a la vida con los varones, por la enseñanza prematrimonial en los thiaisoi o bien, el espacio de los banquetes, como divertimento sexual para los hombres.

En Roma veremos un cambio significativo: las mujeres gozaban de una mayor autonomía y poder puesto que en sus manos estaba directamente la responsabilidad de criar a los ciudadanos varones como los dominadores y poseedores del poder, pero no se pertenecían a sí mismas, siempre estaban bajo la tutela de los varones. Roma era una sociedad de guerreros, donde las diferencias entre hombres y mujeres también estaban más marcadas; de ahí que las relaciones entre mujeres llamaban más la atención cuando ocurrían a la vez por ser más visibles. Pues no era parte de un ritual como en Grecia, sino que intentaban suplantar al hombre en el plano tan importante como lo era el del erotismo en Roma.

En Roma, repito, sociedad fuertemente patriarcal, donde se enaltecen las características masculinas del arte de la guerra, el dominio, el poder político y económico en total control de los hombres; una mujer que intentara invertir estos papeles (y tener relaciones eróticosentimentales
con otra mujer lo hacía)
cometía el atrevimiento más grande puesto que intentaba alterar el sentido del mundo como se tenía entendido. En Roma, no encontraremos testimonios directos sobre amor entre mujeres pero encontramos constantes referencias a éste en los textos de poetas, filósofos, literatos (por Marcial se desarrolla el mito sobre las lesbianas
como poseedoras de clítoris grandísimos capaces de penetrar). En esta etapa las lesbianas comienzan a ser más visibles pero para estigmatizarlas, para utilizarlas como ejemplo de vicios inmorales o paralelamente para burlarse de su “intento de suplantación” del hombre, al que concebían como el único capaz de otorgar placer.

Así pues, vemos en esta etapa histórica de la consolidación de la sociedad occidental, estas dos realidades, la lesbiana como una “mala copia” del varón en Roma entremezclándose con aquella vivida por las propias lesbianas donde experimentan placenteramente el amor entre mujeres a pesar de las contrariedades exteriores. Estas dos realidades los seguiremos cargando y viviendo durante los siglos siguientes, (de las que hablaré aquí en otras entregas) internamente por las propias lesbianas o en el imaginario de la sociedad.


Referencias:
-Beatriz Jimeno, Historia y análisis político del lesbianismo. La liberación de una generación, España: Gedisa, 2005.
-John Boswell, Cristianismo, Tolerancia social y homosexualidad, España: Muchnik Editores, 1992.
-Luz Sanfeliú, Juego de damas. Aproximación histórica al homoerotismo femenin o. T. 17, España:
Universidad de Málaga, 1996.
-Pascal Quignard, El sexo y el espanto, Buenos Aires: El cuenco de plata, 2005.

Laura Cruzher
Noviembre 2011

 
 


Perfumando [tu cuerpo] luego
con aceite de nardo [todo]
[y con leche] y aceite del de jazmín,
recostada en el blando lecho,
delicada [muchacha en flor,]
al deseo dejabas tú ya salir

Estracto de un Poema de Safo

¿“Sáfica”, “safia”, “safista” o lesbiana?

Hace unos días, en una breve plática con mis queridas amigas del programa de radio en línea “Sensaciones Diversas”, hablamos un poco sobre lo fuerte que la palabra “lesbiana” sonaba para algunas propias lesbianas, (que mas que a al sonido, el rechazo quizá responde al vértigo, al peso de aceptar que una ama a las mujeres) sin
mencionar lo inexacto que a otras nos parece utilizar un término que refiere también a una persona que es originaria de la isla de Lesbos en Grecia.

“Sáfica”, “safia”, “safística”, adoradora, practicante de las artes de Safo y cualquier otro término que se quiera agregar, relacionado a la poetisa griega Safo, podrían ser términos más precisos para nombrarnos a las mujeres que amamos a otras mujeres.

Safo erigió y manejó una especie de asociación para mujeres
jóvenes <<La Casa de las Servidoras de las Musas>>, el objetivo era enseñarles algunas artes, la poesía y la música en especial.

En este espacio de convivencia y enseñanza Safo transmitía y desarrollaba en las jóvenes, una percepción sensual y amorosa de la mujer lo que se cristalizaba en el fomento y fortalecimiento del vínculo amoroso entre ellas.

Sus poemas, los pocos que nos llegaron y que resistieron a la moral y a los desastres del tiempo, son una expresión pura de un amor sensual hacia lo femenino, hacia las mujeres; se considera incluso que su poesía es la manifestación más clara del sentimiento amoroso tal como lo entendemos ahora puesto que en parte creó la manera en que entendemos y manifestamos hoy el amor.

Safo, sin embargo, es una figura tan importante para la literatura y para la historia del Occidente que ha sido también la más traída y llevada, agredida y mitificada.

El esfuerzo más grande y necio que han hecho algunos historiadores y los literatos sobre todo, es el de intentar demostrar que no era lesbiana. Que tuvo una hija, que estuvo casada, que se suicidó por el amor no correspondido con un hombre (hecho del que no existe sustento ni prueba histórica), son los argumentos que se utilizan para negar el amor que tenía por las mujeres.

Estos estudiosos omiten el hecho histórico de que el papel de la mujer griega era obligadamente el de casarse y tener hijos y que hacer esto era más seguir una simple regla civil que obedecer a un autentico sentimiento de amor y atracción erótica.

Han querido minimizar la fuerza creadora que impulsaba a Safo en su poesía: el amor entre mujeres; pero ella ha trascendido para nosotras las lesbianas como el elemento positivo que de tiempo tan antiguo (600 a. de c) y de la Grecia en su naciente apogeo nos vino a vestir de una identidad mítica, bella y mágica. Directa o indirectamente, lesbiana que busque o no en el pasado a Safo, estará salpicada de ella pues es el símbolo inmediato que sirvió a nuestras lesbianas activistas de antes y las alentó a luchar para que ahora podamos vivir en una naciente libertad.

El llamarnos ahora lesbianas a las mujeres que amamos a otras mujeres obedece a que en la isla de Lesbos había más de un espacio para mujeres además del de Safo, se conocían como “thiaisoi”; a eso se le suma el hecho de que en esta región la mujer en general podía disfrutar de una autonomía y privilegios que en otras regiones del mundo en aquel tiempo no se les permitían. Así que desde aquel tiempo, ser lesbiana era ya un símbolo de libertad, creatividad y tendencia a apreciar el amor
por las mujeres.

Pero si antes se nos nombraba como “frictrices” “tríbadas”, “invertidas”,“sodomitas”, cometíamos el pecado nefando, éramos enfermas perversas y ahora se nos llama y nos llamamos a nosotras mismas lesbianas, nada indica que esta última palabra no pueda ser también sustituida o dejada de usar en un futuro, todo depende de la evolución de la identidad de las mujeres que amamos a otras mujeres.

Les dejo aquí dos de los poemas de Safo como muestra de ese amor que sentía y percibía por las mujeres.

Al efecto que una novia en su boda le causa, lo describe así:


[el novio]
siguiendo absorto tu dulce sonido
y la risa encantadora que a mí
a turbado el corazón en el pecho.
Sólo te miro y ya la voz me falla,
La lengua se me quiebra y un sutil
Fuego recorre por la piel adentro;
dejo de ver y zumban mis oídos,
corre abajo el sudor y estremecida
estoy toda;
como hierba del prado
me quedo verde, y estoy como muerta.
Más a todo cabe sobreponerse, pues…
3
[Fr. 94 P]

de verdad que morir yo quiero
pues aquella llorando se fue de mí.
Y al marchar me decía: <<Ay, Safo,
qué terrible dolor el nuestro
que sin yo desearlo me voy de ti>>.
Pero yo contestaba entonces:
<<no me olvides y vete alegre,
sabes bien el amor que por ti sentí,
y, sino, recordarte quiero,
[por si acaso a olvidarlo llegas]
cuánto hermoso a las dos nos pasó y feliz:
las coronas de rosas tantas
y violetas también que tú
junto a mí te ponías después allí,
las guirnaldas que tú trenzabas
y que en torno a tu tierno cuello
enredabas haciendo flores mil,
perfumando [tu cuerpo] luego
con aceite de nardo [todo]
[y con leche] y aceite del de jazmín,
recostada en el blando lecho,
delicada [muchacha en flor,]
al deseo dejabas tú ya salir.
Y ni fiesta [jamás ni danza,]
ni tampoco un sagrado bosque
al que tú no quisieras conmigo ir.
Laura Cruzher
5 de julio 2011
Referencias:
-Lesky, Albin, Historia de la literatura griega, I, de los comienzos a la polis griega. Madrid: Gredos, 2009
-Luque, Aurora, Safo, Poemas y testimonios, Barcelona: Acantilado, 2004
-Hermann, Fränkel, Poesía y Filosofía de la Grecia Arcaica. Una historia de la épica, la lírica y la prosa
griegas hasta la mitad del siglo quinto, Madrid: Visor, 1993.


 
 
 
 
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